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A veces basta una sonrisa a destiempo, una mirada que se pierde entre los árboles, el gesto distraído de quien, por un instante, se olvida de que alguien la está mirando.

Y entonces ocurre algo extraño: el bosque deja de ser paisaje y se convierte en cómplice.

Laura no vino a buscar respuestas. Quizá por eso, entre hojas, luz y silencios, terminó encontrando algo que no sabía que había venido a buscar.

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