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🇬🇧 AO3: https://archiveofourown.org/works/85008441/chapters/224428986

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⬇️ The written version of this part in 🇬🇧 English, 🇪🇸 Spanish and 🇫🇷 French ⬇️

I separated them with the flags so you can easily find your language <3

🇬🇧 English 🇬🇧

Katsuki placed a hand on the upper part of his chest.

He wanted to press him into the mattress, to make him forget that smile. He wanted to make him moan, make him beg, to see him lose his composure, to push him until that arrogance finally cracked. 

To reduce him to nothing.

He looked at him, searching for a weakness, a sign of vulnerability, but Hayato gave him none of it. He took what was given to him, and he took it with an ease that irritated Katsuki to no end.

He spat on his fingers before searching for an entry point and forcing a first entry, abrupt and direct. But he was doing it quickly, maybe too quickly, and a little clumsily too.

- “Stop acting like you’re an expert…” Hayato then whispered, his voice softer. “I can feel it, right there in your fingers. You’re shaking.”

There was nothing mocking in it… on the contrary. But Katsuki froze.

He pulled them away sharply, ignoring the disappointed pout that briefly brushed across Hayato’s face, then shoved his legs apart in one abrupt motion and knelt between them, dominating him with his full frame.

He pushed suddenly, without warning, and this time… Hayato lost his confidence.

The bed trembled. His breath broke. His hands clenched in the sheets. His gaze wavered, and his eyes finally squeezed shut.

Katsuki noticed it, and a satisfied smile — the first — stretched across his lips.

He leaned over him then, almost crushing him.

- “Well… You’re quiet now…?” he hissed against his ear.

He was trying to regain the upper hand, to erase the provocations, the insolent smiles, and that strange ability Hayato had to throw him off balance. Every movement seemed driven by that fierce need to stay in control.

Hayato slipped a hand between them and slid it under his T-shirt. He pressed his palm flat against Katsuki’s chest — he could feel it beating, strong and fast, a heavy, dull pounding against his ribs.

He pressed gently, as if to calm that wild gallop.

- “Slower…” he murmured, almost tenderly, his mouth brushing Katsuki’s neck.

- “I’m the one who decides.” the other growled, though his voice trembled, like a wire ready to snap.

- “Then decide to go slower.” Hayato insisted, more seriously.

Katsuki clenched his jaw, then… slowed down.

Little by little, the dynamic shifted. What had begun as a struggle for power gradually became more unstable. Their movements answered each other, their reactions adjusted, and despite their desire to dominate, they ended up reading one another, understanding each other through their bodies and their breath.

Katsuki’s rigid control began to crack, replaced by something rougher, more instinctive, while Hayato stopped provoking him and slipped into an involuntary kind of synchronization with him.

It was no longer just an opposition — it was an intense, chaotic exchange, where the boundary between defiance and surrender quickly blurred.

Katsuki’s thrusts slowed down even more.

A violent shiver ran through Hayato — starting in his stomach, climbing his spine, spreading up to his nape where the hairs on his skin stood on end. He pushed himself up slightly on one elbow to watch.

Moonlight filtered through the window, carving bluish shadows across their skin and clothes. Music pulsed from downstairs — loud, muffled by walls and distance, but still strong enough to make the floorboards tremble faintly.

Katsuki’s necklace swayed against his chest. His black T-shirt clung to his skin, swallowing all light, revealing only the contours of his muscles.

A drop formed at his temple. Hayato watched it appear, grow, then slide down his tense jaw, trace the line of his neck, before disappearing into the neckline of his shirt.

And it was at that moment that Katsuki looked up, and their eyes met. His red pupils, until then so hard, so threatening, seemed to soften despite himself — just for a second. No more. Then he looked away again, unable to hold that yellow gaze any longer.

Yet Hayato was no longer smiling. He wasn’t provoking him anymore. His eyeshadow had smudged — a deep navy streak trailing down his cheekbones. His cheeks were flushed, his skin burning hot.

Without either of them fully realizing it, the atmosphere had changed.

Truly.

Katsuki felt his entire body tremble. His thighs burned, his tightened abs threatening to give out. The effort, the alcohol, the exhaustion — everything weighed down on his shoulders.

So… he slowly let himself fall against Hayato.

His face came to rest in the hollow of Hayato’s neck.

Hayato stayed still for a second, surprised by this sudden surrender. Then his free hand slowly traced its way up Katsuki’s back, slipping under his T-shirt, counting each vertebra one by one, before sinking into his blond hair at the base of his neck, pulling the fabric up almost entirely.

His warm breath brushed Katsuki’s trapezius muscles.

🇪🇸 Español 🇪🇸

Katsuki apoyó una mano en la parte alta de su pecho.

Quería hundirlo en el colchón, hacerle olvidar esa sonrisa. Quería hacerle gemir, hacerlo suplicar, verlo perder la compostura. Empujarlo hasta que esa arrogancia finalmente se agrietara.

Reducirlo a nada.

Lo miraba buscando una debilidad, una señal de vulnerabilidad, pero Hayato no le ofrecía nada de eso. Tomaba lo que se le daba y lo hacía con una facilidad que irritaba a Katsuki al máximo.

Pasaban los segundos y Katsuki sentía cómo su control se le escapaba. Actuaba rápido, demasiado rápido quizá, también con algo de torpeza.

—Deja de actuar como si fueras un experto… —susurró entonces Hayato, con una voz más suave—. Lo siento aquí, en tus dedos. Estás temblando.

No tenía nada de burla… al contrario. Pero Katsuki se quedó inmóvil.

Retiró bruscamente los dedos, ignorando la mueca decepcionada que rozó el rostro de Hayato, y luego le separó las piernas con un gesto brusco, se arrodilló entre ellas, dominándolo con toda su presencia.

Empujó con fuerza, sin previo aviso, y esta vez… Hayato perdió la seguridad en sí mismo.

La cama tembló. Su respiración se quebró. Sus manos se aferraron a las sábanas. Su mirada finalmente vaciló y cerró los ojos con fuerza.

Katsuki lo notó y una sonrisa de satisfacción—la primera— apareció en sus labios.

Entonces se inclinó sobre él, presionándolo con todo su cuerpo.

—¿Ya está? ¿Ahora te callas…? —susurró junto a su oído.

Buscaba recuperar la ventaja, borrar las provocaciones, las sonrisas insolentes y esa extraña capacidad que tenía Hayato de desestabilizarlo. Cada movimiento parecía guiado por esa voluntad feroz de mantener el control.

Hayato deslizó una mano entre sus cuerpos y la metió por debajo de su camiseta. Apretó la palma de la mano contra su pecho, justo a la altura del corazón; lo sentía latir con fuerza, rápido, como un golpeteo sordo contra sus costillas.

Presionó suavemente, como para calmar esa carrera desenfrenada.

—Más despacio… —murmuró, casi con ternura, rozando con la boca el cuello de Katsuki.

—Yo soy quien decide —gruñó el otro, pero su voz temblaba al final, como un hilo a punto de romperse.

—Entonces decide ir más despacio —insistió Hayato, con más seriedad.

Katsuki apretó la mandíbula y luego… ralentizó.

Y poco a poco, la dinámica cambió. Lo que había empezado como una lucha de poder se volvió progresivamente más inestable. Los gestos se respondían, las reacciones se ajustaban y, a pesar de su voluntad de dominar, ambos terminaron leyéndose, comprendiéndose a través de las reacciones de sus cuerpos y de su respiración.

El control estricto de Katsuki se agrietó, reemplazado por algo más instintivo, mientras que Hayato dejó de provocar para entrar en una forma de sincronización involuntaria con él.

Ya no era solo una competición: era un intercambio intenso, desordenado, donde la frontera entre desafío y abandono se volvía rápidamente difusa.

Los movimientos de Katsuki se hicieron todavía más lentos.

Un escalofrío violento recorrió a Hayato — partió desde su vientre, subió por toda su espalda y se extendió hasta llegar a su nuca, donde se le erizó el vello. Se incorporó ligeramente, apoyándose en un codo, para observar.

La luz de la luna se filtraba por la ventana, dibujando sombras azuladas sobre su piel y su ropa. La música vibraba desde la planta baja. Fuerte. Amortiguada por las paredes y la distancia, pero lo suficientemente presente como para hacer temblar ligeramente el suelo.

El collar de Katsuki se balanceaba contra su pecho. Su camiseta negra se le pegaba a la piel, absorbiendo toda la luz, dejando ver sólo la forma de sus músculos tensos.

Una gota perlaba en su sien. Hayato la vio formarse, crecer, y luego deslizarse por su mandíbula apretada, bajando hasta su cuello, antes de desaparecer en el escote de la prenda.

Y fue en ese instante cuando Katsuki levantó la cabeza y sus miradas se cruzaron. Sus pupilas rojas, que antes eran tan duras y amenazantes, parecían haberse suavizado muy a su pesar. Solo un segundo. Nada más. Y volvió a bajar la mirada, incapaz de soportar por más tiempo esa mirada amarilla.

Sin embargo, Hayato ya no sonreía. Ya no lo provocaba. Su sombra de ojos se había corrido: una estela azul noche descendía por sus pómulos. Sus mejillas estaban en llamas, la piel le ardía.

Sin que se dieran cuenta del todo, el ambiente había cambiado.

De verdad.

Katsuki sentía todo su cuerpo temblar. Sus muslos ardían, sus abdominales contraídos amenazaban con ceder. El esfuerzo, el alcohol, el cansancio — todo pesaba sobre sus hombros.

Entonces… se dejó caer suavemente contra él.

Su rostro fue a refugiarse en el hueco del cuello de Hayato.

Este último se quedó inmóvil un segundo, sorprendido por ese abandono repentino. Luego, su mano libre subió lentamente por la espalda de Katsuki, deslizándose bajo su camiseta, contando sus vértebras una a una, antes de hundir sus dedos en su cabello rubio, justo en la base de la nuca, levantando la tela casi por completo.

Su respiración cálida, en cambio, acariciaba sus trapecios.

🇫🇷 FRANÇAIS 🇫🇷

Katsuki posa une main sur le haut de son torse. 

Il voulait l’enfoncer dans le matelas, lui faire oublier ce sourire. Il voulait le faire gémir, le faire supplier, le voir perdre contenance. Le pousser jusqu’à ce que cette arrogance se fissure enfin. 

Le réduire à rien.

Il le regardait en cherchant une faiblesse, un signe de vulnérabilité, mais Hayato ne lui offrit rien de tout ça. Il prenait ce qu’on lui donnait et il le prenait avec une aisance qui agaçait Katsuki au plus haut point.

Il cracha sur ses doigts avant de chercher un point de passage et força une première intrusion, brusque, directe. Mais il faisait ça vite, trop vite peut-être, un peu maladroitement aussi. 

- Arrête de faire comme si t’étais un expert… chuchota alors Hayato, d’une voix plus douce. Je le sens, là, dans tes doigts. Tu trembles.

Ça n’avait rien de moqueur… au contraire. Mais Katsuki se figea. 

Il les retira d’un coup sec, ignorant la moue déçue qui effleura le visage d’Hayato puis lui écarta les jambes d’un geste brusque, s’agenouilla entre elles, le dominant de toute sa carrure.

Il poussa d’un seul coup, sans prévenir et cette fois… Hayato perdit son assurance.

Le lit trembla. Son souffle se brisa. Ses mains se crispèrent dans les draps. Son regard vacilla enfin et ses yeux se fermèrent avec force.

Katsuki le remarqua et un sourire satisfait — le premier — étira ses lèvres.

Il se pencha alors sur lui, l’écrasant presque. 

- C’est bon ? Tu te tais maintenant…? siffla-t-il contre son oreille.

Il cherchait à reprendre l’avantage, à effacer les provocations, les sourires insolents et cette étrange capacité qu’Hayato avait de le déstabiliser. Chaque mouvement semblait animé par cette volonté farouche de garder le contrôle.

Hayato glissa une main entre leur deux corps et la passa sous son T-shirt. Il plaqua sa paume à plat juste au niveau du cœur — il le sentait battre, fort, rapide, un martèlement sourd contre ses côtes. 

Il appuya doucement, comme pour calmer cette cavalcade. 

- Plus lent… murmura-t-il, presque tendre, sa bouche frôlant le cou de Katsuki. 

- C’est moi qui décide. grogna l’autre, mais sa voix tremblait, comme un fil de fer prêt à céder.

- Alors décide d’aller plus lentement. insista Hayato, plus sérieusement. 

Katsuki serra la mâchoire, puis… ralentit. 

Et peu à peu, la dynamique se transforma. Ce qui avait commencé comme une lutte de pouvoir devint progressivement plus instable. Les gestes se répondaient, les réactions s’ajustaient et malgré leur volonté de dominer, les deux finirent par se lire, se comprendre à travers les réactions de leur corps et de leur souffle. 

Le contrôle strict de Katsuki se fissura, remplacé par quelque chose de plus brut, plus instinctif, tandis qu’Hayato cessa de provoquer pour entrer dans une forme de synchronisation involontaire avec lui. 

Ce n’était plus seulement une opposition : c’est un échange intense, désordonné, où la frontière entre défi et abandon était rapidement devenue floue.

Les va-et-vient de Katsuki ralentirent encore. 

Un frisson violent parcourut Hayato — il partit de son ventre, remonta le long de sa colonne, irradia jusqu’à sa nuque où ses poils se hérissèrent. Il se redressa légèrement, s’appuyant sur un coude, pour observer.

La lumière de la lune filtrait par la vitre, découpant des ombres bleutées sur leur peau et leur vêtements. La musique vibrait depuis le rez-de-chaussée. Forte. Étouffée par les murs et la distance, mais suffisamment présente pour faire trembler légèrement le plancher.

Le collier de Katsuki se balançait contre son torse. Son T-shirt noir collait à sa peau, absorbant toute lumière, ne laissant deviner que les contours de ses muscles.

Une goutte perlait à sa tempe. Hayato la vit naître, grossir, puis glisser le long de sa mâchoire crispée, descendre jusqu’à son cou, avant de disparaître dans l’encolure du vêtement. 

Et c’est à cet instant que Katsuki releva les yeux et que leurs regards se croisèrent. Ses pupilles rouges, jusque là si durs, si menaçantes, semblaient s’être adoucies malgré lui. Juste une seconde. Pas plus. Et il rebaissa les yeux, incapable de soutenir ce regard jaune plus longtemps.

Pourtant Hayato ne souriait plus. Il ne le provoquait plus. Son fard à paupières avait coulé — une traînée bleu nuit le long de ses pommettes. Ses joues étaient en feu, sa peau brûlante.

Sans qu’ils ne le réalisent tout à fait, l’atmosphère avait changé. 

Vraiment.

Katsuki sentait tout son corps trembler. Ses cuisses brûlaient, ses abdos contractés menaçaient de lâcher. L’effort, l’alcool, la fatigue — tout pesait sur ses épaules.

Alors… il se laissa tomber doucement contre lui. 

Son visage vint se nicher dans le creux du cou d’Hayato.

Ce dernier resta immobile une seconde, surpris par cet abandon soudain. Puis sa main libre remonta lentement le dos de Katsuki, passant sous son T-shirt, comptant ses vertèbres une à une, avant de s’enfoncer dans ses cheveux blonds, à la base de la nuque. Relevant presque complètement le tissu. 

Sa respiration chaude, elle, caressait ses trapèzes.

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Comments

Blaaaaahhh

Katsuki... too impatient, in life and even in bed. Tsk tsk lol

CameliaAzul🇫🇷

J'ai l'impression que si Hayato le pouvais, il aurait entièrement enlever le t-shirt a kats 😏🤭❤️‍🔥 en vrai je trouve mignon la partie où Haya pose sa main pour sentir le cœur de son partenaire battre fort 😆❤ (et j'ai rigoler aussi et exciter en même temps quand Kats se fait serrer la b*te encore plus fort avec la petite bulle d'expression de Hayato en mode 😏) 🤣❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥 j'ai trop Adoré!! Merci encore! Malgré la chaleur actuel 🥲 ça fait du bien au moral de voir ça 🥰

Blaaaaahhh

Something just occurred to me... but Bakugo being inexperienced...? Was Haya his first time, or did he just not have many lovers?