Capitulo 169 (Patreon)
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Lianhua me coloca frente al escritorio, Xia entra detrás de ella y cierra la puerta, y yo espero a oír el chasquido del cerrojo antes de sacar el talismán de privacidad de la bolsita que llevo siempre encima.
Lo activo, y todos los ruidos del corredor desaparecen, dejando la habitación sumida en ese silencio acolchado y un poco irreal al que ya me he acostumbrado y que últimamente se está convirtiendo en la banda sonora de todas mis conversaciones importantes.
"Sentaos", les digo.
Lianhua se recoge la falda con un gesto y se sienta en una silla con la espalda tan recta como si estuviera de pie. Xia se deja caer a su lado en otra de las sillas con bastante menos ceremonia, cruza las piernas y me mira con esa cara de expectación absoluta que pone siempre que intuye que va a pasar algo interesante.
"Ayer, cuando hablamos con mi madre para decirle que nos vamos, lo único que me dijo fue que me preparase para salir en cuanto la delegación de la Torre de los Cinco Dragones termine sus asuntos aquí", les digo. “Por lo que tenemos que empezar a prepararnos.
Xia frunce el ceño al escucharme.
"¿Y por qué tanta prisa? No lo comprendí cuando nos lo dijo Guifei Xiang y no lo comprendo ahora", me pregunta.
"Porque una delegación que termina lo que ha venido a hacer y se marcha al día siguiente no le llama la atención a nadie", le contesto. "Pero una delegación que termina sus asuntos y luego se queda esperando dos semanas más sin ningún motivo aparente llama la atención. Y la gente empezaría a intentar averiguar la razón."
Xia abre la boca, la cierra y asiente despacio, y por su cara veo perfectamente el momento en el que lo entiende.
"Así que, como no sé exactamente de cuánto tiempo disponemos, esta reunión es para decidir qué nos llevamos", termino. "Y ahora mismo la doy por empezada."
Junto las manos sobre el regazo y voy directamente a lo primero, que es también lo más obvio.
"Empecemos por lo que debería ser evidente", digo. "Todo lo importante y todo lo que tenga algún valor va dentro de la Bolsa de Almacenamiento. Las mochilas las llevamos solo para disimular."
Xia ladea la cabeza sin acabar de seguirme, así que se lo explico.
"Porque si vamos por ahí sin equipaje, y cada vez que necesitamos una manta, un cazo, una moneda o un pañuelo lo sacamos de la Bolsa de Almacenamiento, en tres días todo el mundo sabrá que tenemos una", continúo. "Así que las mochilas llevarán lo del día a día, lo que se ve y lo que se usa delante de la gente. Y la Bolsa llevará todo lo demás para que nadie sepa que existe."
Xia asiente, esta vez con convencimiento, y yo giro la cabeza hacia Lianhua, porque hay un dato que llevo cinco años sin preguntar por la sencilla razón de que hasta ahora nunca me había hecho falta.
"Lianhua", le digo. "¿Cuánto cabe realmente en la Bolsa?"
"El espacio interior es un cubo de poco menos de un Zhang en cada lado, Zhāohuán Wen", me contesta sin dudar ni un instante. "Aunque tiene una pega evidente, y es que solo pueden guardarse los objetos que quepan por la abertura."
Tras escucharla, me quedo un segundo callada haciendo cuentas, por lo que la bolsa es un cubo de aproximadamente tres metros de cada lado, solo que estará colgando del hombro de Lianhua dentro de un zurrón raído que no llama la atención de nadie.
"Con eso nos sobra", digo en voz alta, y no consigo camuflar del todo la satisfacción que me produce ese dato.
Cojo aire y empiezo por lo que ya está decidido de antemano.
"Lo primero es que lo que ya está dentro, se queda dentro", digo. "La tablilla con la técnica de la arena, el frasco con la arena llena de Qi, la gema con forma de ojo, la tablilla de la Miríada de Manos con los usos que le quedan, la pluma que me regaló Tianyu Feng y las tablillas de jade que trajimos de la Secta que todavía no hemos usado."
Lianhua asiente una sola vez, registrando la lista.
"A eso hay que sumarle la mayor parte de las piedras espirituales que consigamos de aquí a entonces, incluidas las que me haga llegar mi padre", continúo. "Y ropa. Bastante ropa, y variada, aparte de la que llevemos en las mochilas para aparentar."
Y en cuanto lo digo, me acuerdo de aquella tarde en mi habitación, con Lianhua sacando prenda tras prenda de la Bolsa hasta formar una montaña de túnicas, faldones, chales y tocados encima de la mesa mientras me pregunto qué clase de persona lleva encima un artefacto tan valioso y decide llenarlo de ropa.
Y ahora resulta que la clase de persona que hace eso soy yo.
Así que, esté donde esté ahora ese pobre hombre cuyo esqueleto encontró Lianhua bajo una columna en el Fragmento Celestial de las Arenas, le pido perdón mentalmente por todo lo que pensé de él aquella tarde, y le concedo, con años de retraso, que probablemente tuviera sus razones.
"Y ya que hablamos de ropa", continúo antes de que se me note demasiado la pausa. "Hay que ir a ver a la modista de mi madre."
Doy un momento para que Lianhua lo registre, y luego voy al detalle.
"Voy a encargarle unos cuantos sujetadores, los suficientes para que nos duren una buena temporada a las tres", digo. "Pero sobre todo voy a pedirle los patrones."
Lianhua me mira.
"¿Los patrones?", repite.
"Los dibujos y las medidas, con las explicaciones detalladas en ellos", le contesto. "Porque la ropa se acaba rompiendo, se acaba quedando pequeña y se acaba perdiendo, y no tengo ni la más remota idea de si en Sanjiang habrá alguien que sea capaz de copiar uno que le llevemos. Pero si llevamos los patrones encima, cualquier costurera medio decente puede hacernos unos nuevos sin demasiados problemas."
Lianhua, que fue mi primer y sufrido conejillo de indias en ese asunto, inclina la cabeza tras mi explicación en lo que en ella equivale a un aplauso.
"Y con eso se acaba lo imprescindible", digo. "Ahora viene lo que nos llevamos sencillamente porque hay sitio de sobra."
Levanto un dedo.
"Unas cuantas fregonas", empiezo.
Y aquí sí que consigo una reacción, porque Xia se endereza de golpe.
"¿Fregonas?", suelta.
"Fregonas", le confirmo sin inmutarme lo más mínimo. "Porque vayamos a donde vayamos, tarde o temprano vamos a tener que limpiar un suelo que esta sucio. Y a estas alturas de mi vida no pienso volver a ver a nadie de rodillas con un trapo pudiendo usar la Miríada de Manos con las fregonas."
Levanto un segundo dedo antes de que nadie diga nada.
"Unas cuantas copias de la última revisión de Viaje al Oeste", continúo. "Junto a un par de mochilas de repuesto, porque las que tenemos van a acabar estropeándose y allí no habrá nadie que sepa hacerlas."
Y levanto el tercero, que es el que de verdad importa.
"Y, sobre todo, los planos de la última versión de la imprenta", termino. "Porque solo llevándolos podremos averiguar si hay posibilidades de hacer dinero vendiéndolos en las ciudades por las que pasemos."
Tras eso me callo, porque he terminado mi parte y ya llevo demasiado rato hablando sola.
Miro a Lianhua y luego a Xia.
"¿Qué os parece?", les pregunto. "¿Se os ocurre algo más?"
Xia levanta la mano como si estuviera en una clase, y a mí se me escapa media sonrisa.
"Los cacharros de cocina", dice en cuanto le hago un gesto. "En la mochila puedo llevar lo mismo que llevé cuando fuimos a la Secta, que es lo justo para hacer la comida durante el camino. Pero eso es todo pequeño, porque tiene que caber en el espacio disponible y pesar poco."
Junta las manos, entusiasmándose sola conforme habla.
"Pero podemos meter en la Bolsa los grandes, los que no cabrían en una mochila", continúa. "Eso significaría que cuando por fin tengamos un sitio donde quedarnos, podré cocinar en condiciones desde el primer día en vez de esperar a que podamos comprarlos."
"Es una idea excelente", le digo, y lo digo en serio, porque no se me había pasado por la cabeza. "Aprobada."
Xia se hincha como un pavo real, y yo giro la cabeza hacia Lianhua.
"Todo eso me parecen buenas ideas, Zhāohuán Wen", me dice. "Y, si me permite ampliar la de Xia, creo que también deberíamos hacer acopio de suministros."
"¿De qué tipo?", le pregunto.
"De los que no se estropean", contesta. "Grano, sal, aceite, té, especias, cuerda, tela, papel, aceite para las lámparas y textiles del hogar. Todo aquello que aquí, en el palacio, podemos ir consiguiendo sin pagar absolutamente nada si lo pedimos poco a poco y por los cauces de siempre, y que fuera habría que comprar con dinero que no vamos a tener."
Y me quedo mirándola un momento, porque esa mujer acaba de ahorrarnos una cantidad de problemas que ni siquiera soy capaz de estimar.
"Muy buena idea", le digo. "Y además tienen prioridad, porque no sabemos cómo son los precios ahí fuera. Todo lo que no tengamos que comprar es dinero que nos ahorramos, y a mí lo que me da pánico no es gastar, es gastar sin saber si me están cobrando el doble de lo normal por tener cara de forastera, por lo que tener esos suministros nos proporcionarían tiempo para comprobar cuales son los precios reales."
Y esa palabra me lleva directamente a lo siguiente, que es una cosa que llevaba un rato rondándome sin acabar de salir.
"Y hablando de dinero", continúo. "Hay que cambiarlo casi todo por piedras espirituales."
Lianhua ni siquiera parpadea, porque esto ya lo hicimos una vez.
"El dinero del Imperio, en el instante en que crucemos la frontera, deja de ser dinero y pasa a ser un montón de metal con un sello bonito", explico sobre todo para Xia. "En cambio las piedras espirituales valen en todas partes ya que sirven como moneda universal."
Hago una pausa.
"Así que cambiamos todo lo que podamos", concluyo. "Todo menos una cantidad pequeña para los gastos del viaje mientras sigamos dentro del Imperio, que ahí sí hará falta. Y hazlo poco a poco para que nadie tenga motivos para acordarse de tu cara."
"Así lo haré, Zhāohuán Wen", me dice Lianhua.
"¿Algo más?", pregunto mirándolas a las dos.
Xia niega con la cabeza y Lianhua hace lo mismo con un gesto mucho más contenido, así que me acomodo en la silla, dejo caer la espalda contra el respaldo y me quedo un momento repasando la lista mentalmente por si me he dejado algo.
Y entonces, mientras cambio de postura para apoyarme mejor, bajo la vista y suelto un suspiro.
"Lianhua", digo. "Hay que avisar a mi madre."
Lianhua levanta la cabeza al instante, atenta.
"Que mande hacer una silla nueva con discreción ", continúo. "Y que se la haga llegar a la delegación de la Torre de los Cinco Dragones."
Señalo con la barbilla los brazos de la que estoy usando.
"Porque si tenemos que salir de aquí a escondidas, y vamos a tener que salir a escondidas, no hay manera de sacar esto conmigo", digo. "Es grande, es aparatosa, y tampoco entra por la boca de la Bolsa."
Lianhua se queda muy quieta durante un instante, y luego inclina la cabeza más de lo que suele.
"Tiene razón", me dice. "Y le pido disculpas por no haber caído en ello antes. Es un fallo grave por mi parte."
"No te preocupes", le contesto, y hago un gesto con la mano para quitarle hierro. "Tarde o temprano nos habríamos dado cuenta las tres, y prefiero que nos hayamos dado cuenta hoy, sentadas y con tiempo suficiente, que en el último minuto y con prisas."
Lianhua asiente, aunque sospecho que va a seguir dándole vueltas al asunto durante un tiempo.
Y como pensar en la silla me ha abierto la puerta a pensar en el resto de la casa, de repente me acuerdo de otras dos cosas.
"Ya que estamos con lo que se me estaba olvidando", digo. "Hay que empacar los libros."
"¿Cuáles?", pregunta Lianhua.
"Los de la Maestra Mu y los que me mandó el Shangshu sobre formaciones y encantamientos", le contesto. "Todos."
Xia mira a su alrededor, en particular a los montones que llevan meses invadiendo cada superficie libre del despacho, y pone cara de estar calculando la cantidad.
"Y sí, ya sé que son muchos", concedo antes de que abra la boca. "Pero aunque no volviera a leerlos nunca, algo que dudo, me los llevaría igual, aunque solo sea para colocarlos en algún sitio bien visible."
"¿Para qué?", pregunta Xia, genuinamente perdida.
"Para que los vean", le digo. "Porque si acabamos ganándonos la vida con los talismanes y los encantamientos, va a venir gente a la casa a encargarnos cosas. Y una persona que entra por una puerta y se encuentra de frente con una pared entera de libros de la profesión ya no necesita que nadie le explique si sabemos o no sabemos lo que estamos haciendo."
Me encojo de hombros.
"Es publicidad", concluyo. "Cara, pesadísima y que no dice ni una palabra, pero publicidad."
Y con eso llego a lo último, que es lo que de verdad va a sostenernos los primeros meses.
"Y con los libros va el equipo entero de creación de talismanes", añado. "Los pinceles, los cuencos, hasta el último frasco de tinta y el último pliego de papel de talismán que nos quede."
Lianhua arquea una ceja apenas un milímetro.
"Ya sé lo que estás pensando", le digo. "Y tienes razón, en Sanjiang habrá cosas mejores. De hecho, y gracias a la Maestra Mu, doy por sentado que lo que estoy usando aquí le parecería un juego de niños a cualquier maestro de verdad."
Levanto un dedo para enfatizar lo que voy a decir a continuación.
"Pero para comprar herramientas mejores hace falta dinero, y para tener dinero hace falta empezar a vender talismanes, y para empezar a vender talismanes hace falta poder hacerlos el primer día", continúo. "Y el primer día no vamos a tener ni casa, ni contactos, ni una moneda de sobra para comprar un pincel."
Lianhua baja la ceja y asiente, concediéndome el punto sin decir nada, y después de eso las tres nos quedamos calladas.
Es un silencio de trabajo, de esos que no hay ninguna prisa por llenar, con Xia mirando al techo moviendo los labios mientras repasa su parte, Lianhua con la vista fija en un punto indeterminado de la pared y yo dando vueltas mentalmente a la habitación entera, mueble por mueble, buscando lo que no se me haya ocurrido.
Pero al final soy yo la que rompe el silencio, y lo hago porque he llegado a la conclusión de que no hay mucho más.
"Creo que ya está", digo. "Porque la limitación de la Bolsa manda por encima de todo lo demás. Si no entra por la apertura, no entra, y eso descarta de golpe todo lo que sea voluminoso. Los muebles, las estanterías, la mesa y, muy a mi pesar, la cama."
Xia suelta una risita, y yo levanto una mano antes de que a nadie le dé por proponer soluciones creativas.
"Y tampoco tenemos ninguna necesidad de llenarla hasta arriba", continúo. "Al contrario, prefiero que sobre sitio. Vamos a pasarnos meses cruzando lugares que no conozco, y sería absurdo encontrarme por el camino algo que de verdad necesito y no poder llevármelo porque en su día decidí meter tres fregonas más."
Junto las manos y las miro a las dos.
"Así que las tareas de los próximos días ya están decididas", concluyo. "Ir consiguiendo todo esto poco a poco, sin prisas, sin listas escritas por ahí y sin que a nadie le dé por preguntarse para qué lo queremos."
Xia asiente con un entusiasmo que le sale por las orejas y Lianhua inclina la cabeza en señal de conformidad.
Pero no se levanta.
"Zhāohuán Wen", me dice. "Antes de dar la reunión por terminada, tengo que pedirle una cosa."
La miro, un poco sorprendida, porque Lianhua no pide cosas.
"Dime", le digo con curiosidad.
"Cuando se sepa el día exacto en el que nos marchamos, le pido la noche anterior libre", me dice. "Tengo unos asuntos que resolver antes de irme."
Tras su petición, me quedo mirándola un momento, porque eso no es lo que esperaba oír al final de una reunión sobre suministros varios.
"¿No puedes resolverlos antes?", le pregunto. "¿Tiene que ser justo esa noche?"
"Podría resolverlos antes, sí", me contesta sin apartar la mirada ni un milímetro. "Pero si lo hiciera, es posible que llamara la atención sobre mí. Y si la llamo con tiempo suficiente, alguien podría empezar a hacer preguntas, o a vigilarme, y eso nos complicaría bastante la salida."
Hace una pausa muy breve.
"Si lo hago la noche anterior, en cambio, aunque llame la atención, para cuando alguien quiera indagar nosotras ya no estaremos aquí", concluye.
Y a mí la petición me deja un poco descolocada, no lo voy a negar.
Porque el razonamiento es impecable, tan limpio y tan bien montado como todo lo que hace, y al mismo tiempo no explica absolutamente nada, ya que en ningún momento ha dicho qué asuntos son, ni con quién, ni por qué unos asuntos suyos habrían de llamar la atención de nadie.
Y podría preguntárselo, claro, pero esta es la mujer que hace un mes, sentada en el suelo de la sala de la formación, me dijo sin que yo se lo pidiera que se venía conmigo al fin del mundo y que renunciaba a una vida cómoda por seguir siendo mis piernas en un sitio que no conoce.
Así que no tengo ni un solo motivo para dudar de ella, y no pienso empezar a inventármelos ahora.
"De acuerdo", le digo. "Esa noche la tienes libre. Ve y haz lo que tengas que hacer."
"Se lo agradezco, Zhāohuán Wen", me contesta.
Y con eso doy la reunión por terminada.
"Entonces ya podéis iros las dos y empezar con lo vuestro", les digo mientras hago un gesto hacia la puerta. "Xia, tú con la cocina y con las provisiones que puedas ir apartando sin que nadie eche nada en falta. Lianhua, tú con el dinero, los suministros y el recado para mi madre."
Las dos se levantan del suelo, Xia de un salto y Lianhua con esa fluidez suya de siempre, y ya han dado dos pasos hacia la puerta cuando me acuerdo de añadir lo único que de verdad importa de toda esta conversación.
"Y recordad una cosa por encima de todas las demás", les digo. "Que lo importante de esta reunión no es la lista."
Espero a que las dos se giren.
"Es la discreción", digo finalmente.
Se que este capitulo es, aunque muy adornado, una lista de la compra.
Pero es algo que tenia que escribir, ya que eso evita que mas adelante, cuando Wen empiece a sacar cosas de la Bolsa de Almacenamiento, no parezca el bolsillo mágico de Doraemon al aparecer siempre lo que necesita.