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Hace un año comenzamos el grupo de Mujeres Nudistas. Hoy somos casi 50 integrantes en el chat, pero las que participamos habitualmente en las actividades rara vez somos más de 10.

Ese contraste nos ha enseñado mucho.

Las mujeres que llegan a nuestras actividades suelen buscar algo más que experimentar el desnudo. Muchas han reflexionado sobre autonomía corporal, feminismo, libertad, sexualidad, envejecimiento o aceptación. Algunas tienen posturas políticas muy claras sobre su cuerpo y encuentran en el nudismo otra manera de ejercer esa libertad. Aun así, querer hacerlo y poder hacerlo son cosas distintas.

En este tiempo hemos aprendido:

1. La seguridad está antes que la desnudez.Antes de quitarse la ropa necesitamos saber quién organiza, quién estará presente, qué pasa con las fotografías, cómo se manejan los límites y qué sucede si alguien incomoda. La confianza no aparece porque escribamos “espacio seguro” en un cartel. Se demuestra encuentro tras encuentro.

2. Las mujeres tenemos menos tiempo para socializar.Trabajo, hijos, casa, pareja, cuidados familiares y pendientes. Una actividad de tres horas puede requerir reorganizar un día entero. Muchas quieren participar y no pueden. Por eso 50 mujeres dentro de un grupo no se convierten automáticamente en 50 mujeres llegando a una reunión.

3. Los espacios mixtos todavía tienen una tarea pendiente.Varias integrantes han expresado su descontento por miradas imprudentes o comentarios fuera de lugar de algunos hombres durante actividades mixtas. No hablamos de todos los hombres ni de todas las experiencias, pero tampoco podemos ignorar algo que se repite.

Entre nuestras asistentes habituales vemos prácticamente dos mitades: unas conviven sin problema en grupos mixtos; otras, después de encontrar un espacio exclusivo de mujeres donde se sienten tranquilas, prefieren no regresar a ellos.

Ese dato nos importa. No para enfrentar mujeres contra hombres, sino para entender dónde tenemos trabajo que hacer.

4. La presencia de mujeres también depende de los hombres.

Esto lo repito constantemente en nuestros grupos mixtos: en la medida en que los hombres ofrezcan seguridad, las mujeres llegarán.

No basta con decir “aquí respetamos”. Hay que aprender a mirar, hablar, acercarse y convivir sin convertir la desnudez femenina en una invitación. También hay que señalar entre hombres un comentario fuera de lugar y aprender a respetar un límite sin discutirlo. La seguridad se construye colectivamente.

5. Ropa opcional significa libertad de verdad.Desde el principio hemos dejado abierta la posibilidad de permanecer en ropa interior o alguna prenda. Hay mujeres que necesitan varias reuniones antes de sentirse cómodas desnudas. Otras simplemente ese día no quieren hacerlo. Quizá están menstruando, tienen frío, atraviesan alguna situación física o emocional o sencillamente prefieren traer ropa.

Y no tienen que justificarse.

Usar ropa un día no te hace menos nudista.

Sería absurdo construir un espacio para defender la autonomía corporal y terminar imponiendo otra regla sobre cómo debe estar nuestro cuerpo. Aquí nadie tiene que desnudarse para demostrar que pertenece. La ropa opcional ha sido una herramienta fundamental para que cada mujer pueda avanzar a su ritmo.

6. Encontrar un espacio entre mujeres cambia la experiencia.Aquí hemos podido hablar de menstruación, menopausia, sexualidad, pareja, maternidad, fotografías, miedo, envejecimiento e inseguridades. Pero también podemos simplemente estar desnudas, comer, reírnos y convivir. El cuerpo femenino no tiene que estar permanentemente explicándose, defendiéndose o convirtiéndose en un discurso.

7. No todas queremos ser visibles y eso también es autonomía.Puedes disfrutar del nudismo y no querer aparecer en internet. Puedes participar sin contárselo a tu familia. Puedes estar desnuda frente a otras personas y decidir que no quieres una fotografía. Defender la libertad corporal también significa defender el derecho a poner límites.

8. Necesitamos más mujeres construyendo, no solamente asistiendo.Este grupo no podría sostenerse desde una sola persona. La participación y experiencia de Karla López, Catalina Azucena, Blanca y Olga han ayudado a construir un espacio con diferentes voces, conocimientos y maneras de acompañarnos.

Queremos más de eso: mujeres proponiendo actividades, tomando decisiones, poniendo reglas, compartiendo conocimientos y creando sus propios encuentros.

Cumplimos un año y seguimos siendo pocas en cada reunión. Seis, ocho, diez mujeres. Pero ya no me parecen números pequeños.

Son mujeres que apartaron unas horas de su vida, atravesaron sus propios miedos y llegaron a un lugar donde pudieron elegir si quitarse la ropa o no. Donde pudieron poner límites, convivir, observar, regresar o decidir que todavía no era su momento.

Porque después de un año hay algo que tenemos mucho más claro: no queremos convencer a las mujeres de que se desnuden. Queremos construir espacios donde puedan decidir sobre su cuerpo.

Desnudas, vestidas o a medio camino.

Y ninguna es menos nudista por ello. 💜

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