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Seguimos con el relato del Viejo Sajarratas y con esto sí que ya me estáis atrapando respecto a lo que tengo escrito.

Tenéis la primera parte AQUÍ, la segunda AQUÍ , la tercera AQUÍ y la cuarta AQUÍ. Lo mismo que antes, aún pueden cambiar cosas hasta la versión final.

Era imposible. No podía ser. Tenía que estar tapiado. Cerrado y bien cerrado. ¿Habría mentido Morales? ¿Se lo habría contado a alguien? ¿Había más putos tocados como él?

Aquella sensación estaba volviendo. El pánico. Lo mismo que aquel día. ¿Verlo abierto había conseguido que se ahogase en aquellos recuerdos? No lo sabía, no lo distinguía, pero parecía muy real. ¿En serio que no estaba volviendo a pasar? Las imágenes en su cabeza...

Una mano le tocó el hombro desde la espalda y no pudo evitar caer de culo del susto. Dos hombres estaban ahora frente a él. El que le había tocado tenía una enorme sonrisa en su cara. De hecho los dientes era lo poco que se le veía entre una frondosa barba de un color pajizo. El otro tenía el rostro oculto bajo una capucha y era imposible reconocer sus rasgos al contraluz de las luces nocturnas de Puentechatarra.

- Te estábamos esperando.

Pocas veces un tío tan sonriente le había dado tanto yuyu a Sajarratas. Y eso que, en general, cualquiera que le sonreía solía tener unas intenciones bastante turbias. Y si no solo hay que recordar el asunto del mechero, el pez y el juguete anal. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

- Nooo te me acerques tíooooo.

Sajarratas retrocedió mientras hablaba usando brazos y piernas para arrastrarse, pero desgraciadamente para él, no tardó en chocar contra una pared.

- No trates de huir, no hemos venido para hacerte daño -el hombre extendió los brazos hacia Sajarratas-. Estamos aquí para liberarte.

Otra vez esa sonrisa, como de una bestia que jugueteaba con su presa indefensa antes de abalanzarse sobre ella para devorarla. Sí, claro, liberarlo de la vida, a ver si pensaba que era un tontopollas.

- Pero debes entregarte a él -ahora señaló a su compañero que quitó la capucha.

El terror se apoderó de Sajarratas. No, no podía ser uno de esos seres. La fuente de sus pesadillas volvía a ser real. No pudo evitar mearse encima, que no era algo extraño en él, pero esta vez estaba sobrio. Demasiado sobrio.

Era difícil describir la cara de la criatura. Tenía un aire canino, que a simple vista podría confundirse incluso con algún mutardo. Pero no, esa sensación de maldad insondable que despedía era algo antinatural. Mirar esos ojos era mirar a la locura.

Sajarratas sólo pudo hacerse un ovillo y empezar a sollozar. El tipo de frondosa barba se acercó y le puso una mano en el hombro.

- No temas, has sido elegido. Aquel día fuiste tocado -alzó los brazos al cielo mientras su voz se alzaba más y más-. Fuiste bendecido por su ominosa voluntad. Quiere que te unas a él.

La criatura avanzó hacia Sajarratas con la intención de agarrarle. Ahora se podían discernir claramente las extrañas y huesudas garras que tenía en lugar de manos. Armándose de valor el viejo fue capaz de mirarle a la cara durante un momento. Y justo es ese instante en el que ya estaba resignado a lo que tuviera que suceder, un filo emergió de la garganta del ser para volver a desaparecer al instante. La criatura pareció intentar decir algo, o quizás chillar, pero lo único que consiguió es gorgotear mientras borbotones de sangre de un color casi negruzco salían de su piel desgarrada. Se echó las manos al cuello intentando frenar lo inevitable, pero las fuerzas ya le flaqueaban y acabó de rodillas, para terminar cayendo totalmente al suelo entre espasmos. Tras él, haciendo un movimiento con su espada hacia abajo, como tratando de limpiar el filo, se encontraba una mujer morena, ya entrada en años pero con un estado físico que ya lo quisieran muchos pandilleros.

El hombre de la barba sacó rápidamente un cuchillo y se disponía a atravesar a la mujer cuando un hombre grande y fuerte, con un pelo rojo como el fuego le agarró la muñeca y la estrujó hasta que presa del dolor acabó abriendo la mano y soltando el cuchillo, que cayó al suelo. El barbudo intentó atacarle con su mano libre, pero también se la agarró. En esa postura el hombretón pelirrojo ejerció más fuerza de tal manera que su rival iba acercándose cada vez más al suelo. Sin embargo, en el último momento, este pudo soltar una patada que impactó de lleno en la entrepierna de su atacante, que lo soltó al quedarse sin respiración. Seguidamente se echó una mano a un bolsillo y sacó un objeto, tras lo que gritó una palabra ininteligible y una especie de onda de energía salió de él empujando a Sajarratas y a los dos desconocidos contra una pared a unos cuantos metros.

Cuando consiguieron despejarse y levantarse el hombre de la barba ya no estaba. La mujer se sacudió el polvo y le tendió la mano a Sajarratas. Este al principio dudó, pero habían sido los tipos que se habían cargado a esa cosa, así que la agarró y se levantó con su ayuda.

- Necesitamos deshacernos del cuerpo del gul -comenzó a darle órdenes a su compañero-. Y trae al cadáver de esta mañana.

Ahora fue a Sajarratas a quien habló.

- Necesito tu ropa. Ah, y ven con nosotros si quieres vivir.

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Es difícil asegurar si patear culos y sonsacar información es lo mejor de este trabajo, ya que lo cierto es que depende bastante de los culos que tengas que patear. En esta ocasión había empezado siendo divertido, o por lo menos bastante más que exhumar cadáveres, pero la ausencia de respuestas precisas ya empezaba a resultar cansina. Es como si todos hubiesen recibido presiones para dar por zanjado el asunto, pero nadie recordara con exactitud de dónde habían venido. Tal grado de coincidencia en todas las versiones solo podía significar que estaban claramente compinchados, o que algo muy extraño había sucedido. En mi experiencia, la respuesta más sencilla siempre suele ser la correcta… pero siempre se me había dado bien el leer a la gente, más si eran simples como el mecanismo de una maza ligera como era el caso, y no me daba la impresión de que ninguno me hubiera mentido, al menos voluntariamente.

Aún me quedaban algunas personas por visitar y sacarles información, pero cada vez estaba más convencido de que la investigación tendría que pegar un giro inesperado. Pero en ese caso ¿cómo podían haber convencido a tanta gente y que ni siquiera fueran conscientes de ello? La respuesta más lógica sería algún tipo de droga, así que tocaría hacer una visita a algunos lugares más turbios y peligrosos, como cuando rebuscas en busca de una perla de olvifante.

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