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Lo estabais deseando, un nuevo fragmento del relato del Viejo Sajarratas. ¿Terminará algún día? La verdad que eso mismo me gustaría saberlo a mí.

Tenéis la primera parte AQUÍ, la segunda AQUÍ , la tercera AQUÍ, la cuarta AQUÍ y la quinta AQUÍ. Lo mismo que antes, aún pueden cambiar cosas hasta la versión final.

Sajarratas casi se quedó ciego cuando apartaron la lona y se encontró bajo el típico sol implacable del Páramo. Normalmente esa sensación la tenía a causa de la resaca, pero tras lo ocurrido el día anterior estaba totalmente sobrio. Demasiado. Hacía mucho que su cuerpo no se encontraba libre de ninguna sustancia estupefaciente, o al menos alcohol, y no era una sensación que le gustase demasiado. Tenía sudores fríos, temblaba, sentía una opresión sobre el pecho, le dolían los músculos…

Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz pudo ver a la mujer morena y al hombre pelirrojo que le salvaron de aquella bestia y del pirado de la barba, y que poco después prácticamente lo habían secuestrado. Tenía muchas preguntas en la cabeza.

- ¿Tenéis algo de polvo de pasadera? ¿Flipabobos? ¿Un peta? ¿Unas pastis?

Mientras le respondían con negativas a cada una de sus peticiones, Sajarratas empezaba a entrar en pánico

- ¿Decidme que tenéis priva por lo menos?

El tipo fuerte y pelirrojo lo sujetó por los hombros.

- No hemos arriesgado tanto para que te coloques. Te necesitamos despejado.

- No, no, no, no. No querrás verme así. Joder, no.

La mujer apareció ofreciéndole una botella.

- Aún nos queda un buen trecho, toma, debes hidratarte.

Sajarratas se abalanzó sobre ella, cogió la botella y se la echó rápidamente al gaznate para escupir el líquido al momento.

- Arghhhh. Puaj, puaj, puaj. ¿Qué cojones es esto? Es asqueroso.

- Agua.

- ¿Qué? ¿Estáis de puta coña? ¿Y queréis que os ayude? Ostias, me queréis matar. Me cago vuestra puta estampa. Ojalá venga un mongolongo y os folle por los ojos. Ojalá os suelte los huevos un avispón titiritero en el ojete. Ojalá un desmembrador os meta una garra por la punta del capullo… o del chichi. Ojalá…

El hombre lo empujó de nuevo hacia dentro y volvió a bajar la lona. Sajarratas aún seguía soltando amenazas e improperios, pero al menos ahora su voz resultaba bastante amortiguada. Le habló a la mujer.

- ¿De verdad es necesario que llegue vivo?

- Ya lo sabes, por extraño que parezca todo depende de él.

- ¿Y sin lengua?

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Tenía que admitir que estaba empezando a impacientarme. Ninguno de mis contactos en los bajos fondos sabía nada sobre una droga con esos efectos y no había aparecido ningún comprador fuera de los habituales. Es cierto que este tipo de gente miente más que un candidato al Consejo del asentamiento, pero por unas pocas balas, en otras ocasiones le habían contado cosas mucho más inquietantes e incriminatorias sin cortarse lo más mínimo. Quizás era momento de cambiar el enfoque de la investigación.

¿Investigar el cadáver que usaron para simular el cuerpo de Sajarratas? Todos los días desaparece gente en Puentechatarra o se saquean tumbas, y eso si el cadáver no era de fuera. Además, esta gente está claro que no había hecho una chapuza y no dejaría cabos sueltos en algo tan obvio.

¿Centrarme en los últimos días de Sajarratas antes de su “muerte”? Por supuesto ya había hecho preguntas en ese sentido, y la vida de ese desperdicio humano no es que fuera demasiado compleja. Pasaba de estar colocado a muy colocado, durmiendo donde le pillara en ese momento, y sorprendentemente gozando de cierto aprecio y reconocimiento por bastante gente. Eso sí, siempre gente que realmente no lo conocía más allá de sus consejos en la Gaceta, ya que cualquiera con un trato más cercano acababa apartándose rápidamente.

Habría que ir a la pregunta básica y sobre la que sin embargo no tenía ninguna pista o teoría siquiera. ¿Por qué? Que Sajarratas acabara muerto no era una sorpresa para nadie. Lo extraño es que siguiera vivo con todo lo que se metía, la cantidad de gente a la que había cabreado o su vida marginal. De hecho, en un garito del Barrio del Sobaco tenían un panel que se renovaba cada mes donde la gente apostaba el día en que Sajarratas la diñaría. Yo mismo lo hice en un par de ocasiones. Pero todo este montaje tan preparado para que se pensara que la había palmado no tenía ningún sentido.

Prácticamente era conocido por todo el mundo que a Sajarratas le pasó hace muchos años algo en el túnel 666 que le dejó bastante tocado. Y justo a las puertas de ese túnel es donde había aparecido el cadáver del cuerpo que querían que todo el mundo pensara que era el suyo. Parecía como una especie de cierre del círculo demasiado poético.

Puesto que Sajarratas no estaba realmente muerto, había estado tan centrado en descubrir quiénes habían orquestado todo esto, que no se me había pasado por la cabeza el tratarlo como si realmente hubiera ocurrido ese crimen y realizar algo tan básico como es visitar el lugar del suceso. Era hora de ir allí.

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Comments

Alberto Rico Vidal

Mola mil! Por cierto te falta un "de" en era hora ir alli