Me dijeron que me callara. (Patreon)
Content
El 24 de junio de 2021, a las 1:22 de la madrugada, el Champlain Towers South colapsó en Surfside, Miami. Doce pisos. 98 vidas. Menos de doce segundos. En menos de veinticuatro horas, desde Córdoba, Argentina, mirando fotos y videos de los escombros publicados en redes, supe lo que había pasado. Y lo dije. El video se viralizó llegando al millón doscientas mil visualizaciones, y fui convocado por medios periodísticos de Estados Unidos y Latinoamérica para dar mi opinión sobre las causas del colapso.
El NIST (Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de los Estados Unidos) publicó esta semana sus conclusiones sobre ese colapso. https://www.nist.gov/news-events/news/2026/06/nist-releases-technical-findings-what-caused-2021-partial-collapseCinco años de investigación. Cientos de ingenieros. Acceso completo al escombro. El veredicto: falla por punzonamiento en la losa del estacionamiento, ausencia de redundancia estructural, deterioro progresivo del acero de refuerzo. Un edificio que llegó a cero margen de seguridad y no tenía cómo avisarlo.
Lo sé desde el mismo momento en que vi los escombros. Hace exactamente cinco años.
No lo escribo con satisfacción. Lo escribo con la incomodidad de quien pasó cinco años viendo cómo la institución tardaba en decir lo que el edificio ya estaba diciendo desde el escombro.
Hay dos maneras de enfrentar una estructura que colapsó. Una es la auditoría: recolección sistemática de evidencia, modelos computacionales, validación por pares, años de deliberación antes de una conclusión oficial. La otra es la lectura directa: identificar las columnas que cedieron, reconocer el mecanismo, descartar lo que no cierra, llegar a una hipótesis antes de que apaguen los incendios. El NIST hizo lo primero. Yo hice lo segundo. Llegamos al mismo lugar.
En la primera semana después del colapso, sin acceso a la documentación técnica del edificio, solo con imágenes públicas y el video de la cámara de seguridad, identifiqué el punzonamiento como el mecanismo de falla inicial. Calculé las cargas sobre las columnas que habían cedido y demostré que no podían haber fallado por compresión (les sobraban más de 300 toneladas de capacidad). Señalé la ausencia de vigas como la vulnerabilidad que convirtió una falla local en un colapso total. A los dos días de publicar ese primer análisis, recibí la documentación técnica completa del edificio. Confirmé cada hipótesis. Todo lo que vi en el escombro estaba en los planos.
Inmediatamente llegaron los cuestionamientos. Que me dedicara a los dibujitos. Que las estructuras las dejara a los expertos. El 23 de julio de 2021, el ingeniero civil Andrés Malvar Perrín, entonces presidente de la AIE (Asociación de Ingenieros Estructurales de la República Argentina) y profesor de la Facultad de Ingeniería de la UBA, envió una carta de lectores al diario La Nación en respuesta a una nota publicada ese mismo día sobre mis videos. En ella calificó el trabajo como "un excelente trabajo gráfico y didáctico con información de valor", pero lo consideró "cuestionable en cuanto contribuye a generar prejuicios". Y fue más lejos: afirmó que yo "erróneamente descalificaba" los entrepisos sin vigas, que el sistema era "ampliamente difundido, estudiado y tratado por los reglamentos", y que la ausencia de vigas era "uno de los factores, pero no el único y suficiente para provocar el colapso".
Esas conclusiones tienen hoy 500 páginas de respaldo institucional.
Quiero ser justo con algo incómodo. Muchos de los que me cuestionaron no estaban completamente equivocados: hay arquitectos que no saben de estructura. Muchos. Arquitectos que delegan el cálculo sin entender qué delegan, que firman proyectos sin poder leer un plano de hierros, que tratan la estructura como un problema ajeno que alguien más va a resolver. Eso existe. Y cuando existe, habla muy mal de lo que hacemos con nuestra formación.
Pero confundir eso con que los arquitectos no pueden pensar estructuralmente es un error distinto. Más grave, en realidad. La estructura no es un dato técnico externo al proyecto. Es el proyecto. Uno no puede diseñar un edificio sin entender cómo se sostiene... o puede, y entonces tenemos lo que tenemos.
Lo que Champlain Towers South expone no es una disputa entre arquitectos e ingenieros. Expone algo más profundo: la diferencia entre el criterio y las credenciales. El criterio te permite leer un colapso en la primera semana. Las credenciales te dan permiso institucional para decirlo cinco años después. Ambas cosas tienen valor. Pero cuando las credenciales se usan para silenciar el criterio, el costo no lo pagan los gremios.
98 personas murieron en ese edificio. El deterioro era visible desde años antes. El sistema estructural no tenía margen de error ni manera de redistribuir una falla. Nadie hizo la lectura a tiempo.
El próximo edificio con esas mismas señales ya existe. En alguna ciudad. La pregunta no es si alguien lo está mirando. La pregunta es si cuando hable, le van a pedir sus credenciales antes de escucharlo.