Triple incomodidad, el regreso a Mérida (Patreon)
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Después de varios días recorriendo Campeche regresé a Mérida con mis nuevos amigos. Venía feliz. Al final, ahí había comenzado buena parte de esta aventura de viajar para ayudar a crear nuevas comunidades.
Nos recibieron muy amablemente, pero bastó que sacara el tripié y el celular para sentir que algo cambiaba en el ambiente.
Yo había estado en comunicación con el presidente y debo reconocerlo: están MUY organizados. Presidente, tesorero, encargado de redes sociales, cuotas, reglamentos, una reunión al mes… y una leve dosis de desconfianza hacia los creadores de contenido. 😂
Así que hice lo que normalmente hago. Me alejé un poco para contar dónde estábamos, busqué algunos ángulos del lugar y después empecé a preguntar quién quería participar. Mis amigos no querían fotos, buena parte del grupo ya estaba felizmente instalada en la alberca y conseguí apenas dos o tres testimonios.
Todo con permiso. Todo preguntado.
Pero se sentía raro.
El momento más incómodo llegó cuando pedí hacer la tradicional foto de grupo. Me explicaron que ellos no acostumbran hacerla. Terminamos con una especie de fotografía oficial en la que aparecen algunas cabezas flotando discretamente dentro de la alberca. Una foto grupal en modo discreto 😂 nada que ver con mi primera foto grupal de Mérida.
Y ahí me quedé pensando.
Me causa mucha curiosidad saber qué imaginan que hago con sus imágenes o qué creen que sucede después de que guardo el celular. Porque precisamente una parte importante de mi trabajo consiste en preguntar, explicar para qué estoy documentando y respetar a quien simplemente no quiere aparecer.
También entendí que probablemente Mérida no será para mí un lugar cómodo dentro de su dinámica grupal. Y está bien. Prefiero regresar para encontrarme con amigos, visitar a quienes confían en mi trabajo y seguir conectando personas desde otro lugar.
Lo que sí me deja un pequeño sabor extraño es saber que dentro de esa comunidad también existen dos años de trabajo que probablemente muchos de sus integrantes nunca vieron.
Una contradicción que todavía estoy tratando de entender: una parte de las herramientas que hoy generan tanta desconfianza, las redes, las fotografías y la creación de contenido, fueron también las que ayudaron a encontrarnos.
Quizá la comunidad ya no necesita que yo esté dentro.
Y sí, me dolió.
No porque la comunidad sea independiente, para eso trabajamos desde el principio. Me dolió sentir desconfianza hacia una parte del trabajo que también ayudó a que esas primeras personas a encontrarse, y yo les apoyaba para que siguieran creciendo.
Pero la incomodidad también sirve para revisar lo que hacemos. De Mérida regresé con una tarea: explicar mejor qué pasa con las fotografías antes, durante y después de nuestros eventos.
De ahí nació nuestra infografía sobre fotografía y consentimiento.
Tal vez no podemos evitar todas las incomodidades, pero sí podemos hacer más claros nuestros procesos. ❤️🩹